A 32 años del devastador huracán ‘Gilberto’

Foto de internet.

El ‘huracán del siglo’ marcó un antes y un después en la cultura de la protección civil

Mérida, Yucatán, 14 de septiembre del 2020.- Hoy se cumplen 32 años desde que azotó el huracán “Gilberto” al estado de Yucatán como categoría 5, uno de los más devastadores en la historia reciente de la Península.

El meteoro dejó a su paso 60 mil personas sin hogar, hundió 83 barcos y destruyó más de 60 mil viviendas, así como el reporte de 6 personas muertas. Los daños se estimaron en su momento entre 1 y 2 millones de dólares.

El fenómeno meteorológico ingresó las 12 del día por X-Can, comisaría de Chemax, con vientos sostenidos de 270 km/h y rachas de 320 km/h. “Gilberto” fue capaz de sostener la categoría 5 de la escala de huracanes de Saffir-Simpson durante 85 km tierra adentro.

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Una vez que el ciclón dejó su estela de destrucción pudo apreciarse la magnitud de su devastador paso pues en la playa de Chelem apareció un barco transatlántico de nombre “Lady-C”, que el huracán arrastró desde Kingston, Jamaica.

La destructora fuerza de este huracán categoría 5 estuvo 13 horas en Yucatán causando estragos hasta que salió por la bahía de Telchac Puerto, no sin antes dejar prácticamente como una “zona de guerra” el municipio de Tizimín.

El llamado “huracán del siglo” cambió la fisonomía de Mérida, donde derrumbó centenas de árboles, bardas, casas de madera, plazas públicas, espectaculares de publicidad, luminarias de estadios de beisbol y futbol, así como inundaciones en colonias vulnerables y cuantiosos daños materiales.

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NACE LA CULTURA DE LA PREVENCIÓN

Antes del huracán “Gilberto” ni la sociedad ni el gobierno estaban preparados para recibir un fenómeno de semejante capacidad destructora pues había voces que decían que el meteoro pasaría de “refilón” por Yucatán: “nos va a tocar la ‘colita’”, “se va a desviar”, “va a bajar de intensidad”, “solo va a dejar lluvias”, eran comentarios que salían del entonces gobierno de Yucatán.

Cuando notaron que el estado tenía 105 municipios (sin contar Mérida) vulnerables en infraestructura y prevención, entonces gobierno y sociedad tomaron conciencia de lo caprichosa e impredecible que puede ser la naturaleza y que lo único que se podía hacer era estar prevenido.

Surgieron los albergues en municipios cercanos al mar y la cultura de la protección civil fue tomando seriedad cuando se hablaba de una tormenta tropical.

32 años después de “Gilberto”, aún con la cultura de la prevención, la naturaleza puede advertirnos que no hay plan o estrategia para contrarrestar los efectos de un fenómeno meteorológico. “Amanda” y “Cristobal” son ejemplos recientes, y eso que fueron tormentas tropicales, no huracanes categoría 5.

Mario Lope