Mérida amanece helada y en silencio en el arranque de 2026

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¿Cómo inició el nuevo año en la capital yucateca?

Eran las 06:00 horas y el frío se hacía sentir. El termómetro marcaba 10 grados en algunos puntos de Mérida, una rareza que acentuaba la sensación de heladez con la que la ciudad recibió el primer día de 2026. El amanecer encontró a la capital yucateca en pausa, como si aún no estuviera lista para retomar el ritmo cotidiano.

No había prisa. Las calles, normalmente saturadas de estudiantes y trabajadores, permanecían desiertas. Apenas habían transcurrido los primeros 360 minutos del año y la mayoría de la gente seguía dormida o, en contraste, apenas se acomodaba en la hamaca después de una larga noche de celebraciones familiares, reuniones con amigos o festejos más íntimos.

En el Anillo Periférico, la vía más transitada de la ciudad, el silencio dominaba. Solo el sonido intermitente de las llantas de las patrullas rompía la quietud mientras custodiaban el asfalto casi vacío. Algunos pocos vehículos circulaban: conductores que regresaban a casa o personas a quienes el calendario no les concedió tregua y tuvieron que trabajar incluso en el arranque del año.

El Centro Histórico ofrecía una postal inusual. Las calles estaban solas; no había filas de “almas” esperando en los paraderos del Va-y-Ven, ni el murmullo habitual de una ciudad en marcha. Mérida parecía contener la respiración.

Dentro de algunas casas, sin embargo, la vida comenzaba a desperezarse. El recalentado empezaba a liberar vapores cargados de aromas y colores, una promesa silenciosa para estómagos expectantes, tan ansiosos como las lombrices que aguardan su turno.

Así, entre frío, silencio y olores familiares, Mérida dijo: buenos días, 2026.

A.R.