Doña Mary Chan, una de las comerciantes más antiguas del Cementerio General, ha visto como se preserva la tradición de visitar a los fieles difuntos
Mérida, Yucatán, 1 de noviembre de 2018.- Como en un abrir y cerrar de ojos, doña Mary Chan ha dedicado medio siglo de su vida a la venta de flores en el Cementerio General, lo que la convierte en la florista más antigua y de mayor tradición del lugar, que ha atestiguado con los años como se ha preservado la costumbre de visitar a los fieles difuntos durante las festividades por el Día de Muertos.
A lo largo de todos estos años, doña Mary ha tenido miles de clientes, que año con año llegan a comprarle los mejores arreglos florales para depositarle a sus seres queridos que se encuentran enterrados en el panteón.
“Yo me volví florista por azares del destino, mi padre por mucho tiempo fue el velador del panteón, y como yo era una niña, un día me explicó que había mucha demanda de flores por parte de los visitantes, algo que me llamo la atención, y junto con mi madre comenzamos a venir a vender”.
Ella platicó, con cierta nostalgia, que desde pequeña acompañó a su madre a vender en las inmediaciones del Cementerio General, recuerda que venían desde muy temprano, poco antes del amanecer y se iban hasta muy tarde, casi al anochecer.
En aquel entonces las ventas eran buenas, una vendía grandes arreglos florales, algo que hoy en día no ocurre, ahora las personas te compran una o dos florecitas, antes te compraban muchísimo más, dice mientras sus manos desgajan el tallo de una gladiola.
«Las flores son parte importante de la vida, con ella uno puede dar la bienvenida a un recién nacido, con un ramo las mujeres se encaminan al altar, y con ellas principalmente se despiden a los seres queridos, lo dice la biblia en el Salmo 103 «Los días del hombre no son si no hierba: crecen como las flores del campo; cuando el viento pasa sobre ellas, desaparecen»», recuerdó doña Mary, quien afirmó ser una persona católica.
Su rostro se ve cansado, ya no tiene las fuerzas de antes, pero confía en que hasta el ultimo día de su vida trabajara vendiendo flores.Las flores, son uno de los gastos que la gente puede recortar. “Antes se vendían las gladiolas y los pompones por docena, ahora no, se hacen ramos surtiditos para que salga más barato”, un ramo surtido cuesta 30 pesos.
Para ella, las ventas cada vez van de mal en peor, la gente ahora no viene a visitar a los muertos, y si lo hacen ya no les interesa dejarle flores, antes este negocio nos daba para vivir bien, hoy con trabajo sale para comprar los frijolitos, cuenta amablemente mientras sonríe. (Javier Escalante Rosado)
